15 mar. 2009

"Reflexiones desde el campo de batalla". Por Mayor Konig

En el horizonte ordas completas de infortunios se levantan con un sólo fin.

Complicar las cosas de tal manera que todo aquel soldado de la vida se encuentre en un simple pero moralmete mortal conflicto que sólo lleva a la destrucción masiva de las pequeñas y simples cosas de la línea de la vida a su destrucción sin sentido.

Nos arroja al abismo y, por ende, a la aniquilación de la esperanza y nuestro frágil sentido de supervivencia.

Aquellas ordas se encuentran con una débil pero tal vez bien elaborada muralla que un simple soplido o un buen sostén puede mantenerla en pie o no a la moral. Esa maldita conciencia nos maneja a su antojo produciendo deslices suficientes como para causar altercados emocionales con el portador de la conciencia o el que lo rodea.

Esta vida que se encuentra con tanto conflicto sólo lleva a una reflexión, somos lo suficientemente patéticos como para existir sólo un par de años y perdurar en la memoria por un par de generaciones y terminar siendo el perfecto y eficaz ejemplo de la nada misma.

Llego a dos conjeturas con lo escrito: la nada por el todo (estado en el que nos deslizamos por la rampa de la vida hasta caer en la punta con un solo fin: vivir) o el todo por la nada (nos deslizamos por la rampa de la vida pero con una sola diferencia que la hace particular y diferente a la otra: saltar la frágil muralla e ir directamente en contra de las ordas, mirarlas a los ojos y con un grito de gloria o una risa burlona para presentarles batallas hasta el fin en sólo abra un vencedor, pero sea cual sea perderemos o ganaremos con el honor de no dejarnos acorralar por hostiles tan bien capacitados como los problemas).

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