15 mar. 2009

"Reflexiones desde el campo de batalla III". Por Mayor Konig

El despertar se encuentra cada vez más lejano. Sólo oigo gritos y llantos y en lo alto de la colina se divisa la espectacular y majestuosa figura del poder supremo.

El solo verlo, por una fracción de segundo, podía provocar odio incalculable. Su superioridad era tan clara y tan bella por su manipulación de los que lo rodeaban y que siempre tenía bien claro el futuro de cada uno de nosotros.

No los decía constantemente y se volvía familiar con el tiempo..."pequeños e insignificante seres sólo vivan un día más para poder servirme y sus patéticas vidas tendrán sentido"...palabras de nuestro amo quien, como títeres, nos tenía de acá para allá sin ningun tipo de contraste.

Lentamente las velas del destino se iban apagando y sólo sabías que se terminaba el camino para personas como nosotros.

Se solían escuchar súplicas que rebotaban en sus oídos y se tranformaban en más tortura: "amo, amo, piedad, misericordia, compasión".

Eran contraatacadas con miradas de furia y latigazos y golpisas incesantes que una gran parte de las veces terminaba en fines anticipados.

Pero un buen día su mirada reposo en mí: las cosas se complicaron más que de costumbre, había tenido un mal día mi amo y se vio reflejado en su látigo.

Comenzó con latigazos tan duros que me hicieron caer de rodillas y sentir la sangre correr por mi espalda; el dolor era tal que comenzé a no sentir pero provenía del amo; por ende, era incuestionable.

Prosiguió con golpes de puño las cuales me hicieron caer del todo al suelo donde siguió con patas, las cuales provocaron que vea como empezaba a escupir sangre y el desliz de alguna lágrima.

En un instante, sólo escuchaba mi corazón y nada más que eso aunque deslizaba la mirada por el lugar y se veía que había movimiento.

Por un instante, casi eterno, sentí el cruel y frío toqué el acero de la espada de mi amo incrustada en mi estomágo, deslizo mi cabeza lentamente hacia mi cintura y veo fluir mi sangre sin rumbo.

De repente, todo se empieza a nublar y con una última mirada diviso a mi amo quien se encontraba con una mirada de satifacción ya que había liberado su ira. Luego de eso elevo la mirada al cielo viendo a los pájaros volando, libres de ser, y la vela se apaga con un leve pero mortal soplido de él, mi amo.

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