14 mar. 2011

POST Nº 7: ¡HAN MUERTO!

¡Qué dolor mi alma! Ya no estará.

Y yo que deseaba que el infinito se agrandara cuando dijera mi nombre.

Yo, que lo vi llegar;

que contemplé cuando abrió sus ojos vírgenes y su boca comenzó a llenarse de madre;

que me tranquilizaba cuando sus pulmones me daban la señal para seguir respirando;

que me eternizaba en su rostro al susurrarle las inentendibles maravillas del viento...

no lo tengo desde hoy.

Mis dedos reclaman el calor de sus manitos en aquellos temblorosos primeros pasos,

mis oídos me obligan a buscar su intenso llanto: quieren desconsolarse otra vez ante el miedo de una pequeña derrota,

y mis piernas, ya no quieren seguir.

Su nombre quedó en mi lengua, frío, atado al recuerdo.

Su voz, un fantasma que me invalida la revancha.

Mi hijo ha muerto. Ha muerto mi futuro.

1 comentario:

natufiense dijo...

Bien el tipo!! (no es muy de crítico literario la frase...)

Pero que interesante que te plantees desde un género no-propio una peculiaridad de ese género, y con tanta profundidad. Deberían ser las mujeres las que digan si es tan así, pero a mi me lo parece. Y también me parece, que además, ese sentimiento trágico debe ser universal ¿no?, debe atravesar las diferencias culturales.

Muy buen hallazgo, y bien escrito.